jueves 25 de junio de 2009

00.Tormenta de verano

(Para mis adentros) Volver por vacaciones… manda cojones
Hola amigos y amigas del Creepshow más loco de la galaxia!
He estado de retiro cadavérico por ahí. No me culpéis: el poco cerebro que tengo/tenía ha estado ocupado en otros quehaceres. Nunca descansa!
Aquí me tenéis, de vuelta… otra vez.

Esta es una historia que no empieza con aquel nostálgico “Había una vez…”. Realmente empieza con un vinilo de Chet Baker girando en el tocadiscos de mis padres.
Ellos estaban de vacaciones y yo, me encargaba de ser la señora de la casa en su ausencia.
Escuchar aquella pausada voz, sobre unos arpegios de piano que culminaban en un tenue solo de trompeta, me relaja. Cautiva de tal sensación, salté del susto cuando el teléfono móvil empezó a sonar.
“Bibien” pude leer. Era un apodo que le habíamos puesto la Nicole y yo a un chica tartamuda, porque cada vez que le preguntábamos por como estaba, contestaba “Bibien”.
Pese a que con los años había aprendido a disimularlo, aun me ponía muy nerviosa hablar con ella. ¡Y más por teléfono!
Dejé que el teléfono sonara y seguí en compañía de mi crooner favorito…
Encendí el primer canuto y abrí una lata de Sprite. Sí, sé que la mayoría de vosotros escucharíais al más perdido de los trompetistas, con una copa de whisky con hielo pero, que se le va a hacer, a mi me va el agua carbonatada.
Con todo bien dispuesto, me iba a dedicar a hojear unas revistejas sobre zine que tenía por casa… cuando volvió a sonar el puto móvil, esta vez, con un mensaje…
“BIBIEN – Tu hermana va tan pedo q no se tiene en pie… ¿No salís esta noche?”
Lo que me faltaba: que mis padres se fueran y a mi hermana le diera por dar problemas.
Miré el lado positivo: al menos la Bibien no tartamudeaba por Sms.
Sin pensarlo dos veces, llamé a mi queridísima hermana
-Silvia, ¿dónde estas?
-Hola hermanita… te quiero, tía- esto lo decía el ser más frío del universo.
-¿Qué donde estás, copón?
-Ei, no lo sé, a ver que pregunto – ruido de barullo – Eh, tu, sí… ¿qué sitio es este?
Se oyó de fondo una voz masculina profunda diciendo “El River”.
¡Qué cojones hacía mi hermana en El River, que esta a tomar por culo de casa! ¿Se había perdido?
-Nena ¿qué coño haces ahí?
-Pues no lo sé… - la tia llevaba una papa considerable.
-Vale, no te muevas. Ahora vengo a buscarte.
-¡Pero qué dices! Si la fiesta acaba de empezar…
No me hacía falta saber más. Me vestí con algo decente a toda prisa y…
Entonces llamó alguien al teléfono fijo:
-¿Si?
-Tia, tia, tia… hay “aventuras” en uno de los garajes de mi calle.
-Nicole… me pillas en mal momento.
-¿Por qué? ¿Estás teniendo sexo con alguien y yo no lo sé?
-No, no, solo que… tengo que colgar. Te llamo luego.
-Pero no seas perra, no me dejes con las…
Y colgué antes de que me atrapara en sus redes conversacionales y terminara explicándole mi vida, des de hace un año a esta parte. Como consecuencia, olvidaría mi cometido más inmediato que era el de salvar a mi hermana de ella misma.
Salí de casa a toda prisa y dirigí mis pasos hacía Els Camps Elisis, dónde se hallaba el maldito River.
Tenía que patearme toda la ciudad, ya que mi hermana estaba al otro lado del Segre en un antro para gente pija y bastante más mayor que ella.
Caminé a toda prisa y como había salido zumbando de casa, me había olvidado mi querido Mp3. Y así iba yo: cabreada, sin música y con ganas de ostiar al primero que me pasara por delante.
Esperando a que se pusiera verde un semáforo cercano a la pasarela de Los Campos (como llamamos coloquialmente al Parc dels Camps Elisis), no pude evitar escuchar discutir a una pareja.
-Preferiría que no cocinaras tu… siempre lo dejas todo hecho una mierda- se quejaba la mujer.
-Y yo preferiría que tus amiguitas no vinieran a estorbar los días que hay fútbol. Nuestro piso no es precisamente grande y si vienen mis amigos a ver el partido y tus amigas están por allí, no cabemos todos- respondía él muy diplomáticamente.
Y es que, sólo hay algo que me de más repelús que una pareja: una pareja peleándose.
Como había olvidado mi Mp3 en casa, no me quedaba otra que canturrear: we go down to the river and into the river we dive…
Es magnifico el arte que tengo para asociar canciones con lugares. Básicamente por que, si paso por encima del río Segre, me acuerdo de The River de Springsteen. Una lógica aplastante, vamos. Tiradme flores! (sin maceta, por favor).
Cuando metí mi primer pie en el parque, en dirección al local dónde estaba mi hermana borracha, pensé un buen discursito que darle.
Al pisar la arena con el otro pie, lo vi distinto. Yo no era quién para decirle a Silvia lo que tenía que hacer, así como tampoco podía juzgar sus actos, pues aun estaba aprendiendo de la vida.
Concluí en que lo mejor era dejarlo fluir.
Me colé dentro del River por una de las ventanas de la terraza. Cómo quien no quiere la cosa, cotejé el territorio: nadie conocido por aquí, nadie conocido por allí…
Busqué a mi hermana con la mirada periscópica que mi pequeña estatura me permitía.
Corbatas, camisas, falditas, vestiditos de verano, copas de cocktail, cigarrillos, sandalias caras… Y allí, al final de la barra, estaba Silvia. Bebía algo mezclado con Coca-cola, por lo que pude ver mientras me aproximaba.
Ella no me había visto, ya que hablaba con una presencia masculina tras la cual me veía ocultada.
-¿Y a que te dedicas, Silvia? Déjame adivinar: a dar la brasa a la gente que te soporta ¿me equivoco?
Cuando oí aquella bordería, no pude hacer otra cosa que apartarlo y espetarle en la cara:
-¿Cómo se te ocurre hablarle así a la señorita? Pídele perdón, grosero.
-¿Y tu quien eres? ¿Su mamá?
Cogí la copa de mi hermana, la olí. Era whisky barato, probablemente JB. Sin pensarlo un segundo más, se lo tiré a la cara a aquel cretino.
Se hizo el silencio alrededor pero, antes de que nadie pudiera recriminarme nada, salí como una señora con mi hermana a rastras de la mano.
No paramos de caminar hasta llegar a la estatua de Indivil i Mandoni.
-Mira Laura, son como nosotros, pero en iberos.
-Que yo recuerde no eran hermanos… -ya no podía aguantar más-. ¿Qué coño hacías en El River?
-Algún día te lo contaré…- a veces se pone tan misteriosa que se le olvida que yo soy la mayor.
Como buen perro viejo, me callé y no insistí a preguntas. La llevé a casa, la metí en la ducha con agua fría, le sequé el pelo, le hice un sándwich caliente de cena (eran las 3.00 AM) y la acosté en el sofá junto a mi, con una manta.
Al cabo de un rato, ya habíamos caído las dos rendidas en el super sofá del salón.
Al día siguiente, fueron nuestros padres quien nos despertaron, eso sí, por teléfono. Tras constatar que nos encontrábamos sanas y salvas y, después de repetir una y cien veces que tuviéramos cuidado de las plantas, alimentáramos a la cotorra y sacáramos al Ked’s; volvió a reinar la tranquilidad en el piso.
Saqué a mi perro temprano y luego, me fui a comprar algo de comer, para cocinar al mediodía. Cuando volví a casa, Silvia seguía durmiendo.
Entonces, me llamó la Nicole. El día anterior, me había olvidado completamente de ella.
-Ei Nikki. ¿Qué pasó?- saludé con acento mexicano.
-Tía, sospecho cosas extrañas. Ayer por la noche, cuando te llamé, estaba fumándome un cigarro a escondidas de mí misma en la terraza, cuando vi parar aquí dos furgonetas y un montón de tíos tapadísimos hasta las cejas, escondiéndose también de ellos mismos como yo, empezaron a descargar cajas y cajas y a meterlas dentro de un parquing de esta calle, que creía que estaba abandonado.
-¿Fue rápida la operación?- dije para darle trascendencia.
-Sí, super rápido. En un plis plas, habían terminado. Pero todo muy raro, ¿no crees?
-Seguro que son profesionales.
-¿Profesionales en qué sentido?
-Pues que seguro que son mozos de carga y descarga, tía. Yo no me preocuparía demasiado.
-¿Es que no te parece interesante lo que te cuento?
La Nicole se indigna fácilmente. Se hizo el silencio.
-Oye, que extraño que no hayas querido acaparar la conversación en ningún momento… - intentó interrogarme.
-¡Yo no hago eso!- me quejé.
-Constantemente, cariño…
-Bueno, ¿y qué? Ahora no tengo nada que contar.
-¿Seguro?- quiso curiosear mi amiga.
-Segurísimo. Mira, ayer me llamó la Bibien- dije para explicarle alguna novedad.
-¿Por qué? ¿Y eso? ¿Le cogiste el teléfono?
-No.
-Ya me extrañaba… Oye bueno ¿te pasas luego por aquí?
-Sí, cuando termine de cuidarle la resaka a Silvia.
Nos despedimos, sabiendo que aquel “luego”, se iba a convertir en un “por la noche”.
Me pasé el día leyendo, tocando el piano, escuchando música y blablabla. Mi hermana no quiso contarme lo que le había pasado la noche anterior, pero supongo que es normal: esta en la edad.
Después de cenar y sacar al perro en último turno, me fui a casa de la Nicole, dejando a mi hermana encargada de controlar que la casa no se viniera abajo. Le di un par de pelis para que estuviera entretenida y no le diera por beber (por ejemplo, entre otras cosas) aunque a mí, me daba que se iba a quedar durmiéndola.
Ahora sí, con mi Mp3 en marcha, me dirigí a casa de mi amiguísima Nicole.
Cuando me adentré en su calle, vi un coche de la pasma, cosa que no era muy extraña, ya que mi compañera tenía su nido al lado del Bronx ilerdense. Toqué entonces, con deseo, la bolsita de hierba que guardaba siempre en mi bolsillo trasero del pantalón.
El dichoso cochecito se solía pasear por la vía pero, aquella vez, tuvo que ir a pararse enfrente del portal de mi amiga.
Me escondí en un portal delante y le hice una perdida a la Nicole mientras miraba que pasaba por el lugar, desde la oscuridad.
Me sentí un poco Humphrey Bogart y, a falta de una gabardina y sombrero en pleno verano, encendí un porrako que era lo único identificativos… Puse cara de misterio.
-Niña ¿qué haces fumándote un porro ahí abajo?- gritó la Nicole desde su terraza-. Sube y compártelo.
-Ssshhhttt- dije todo lo fuerte que me pude permitir.
Señalé al coche de la policía que estaba allí apeado. Mi amiga se tapó la boca como para contener las palabras que ya había dicho. Pero no la culpéis, todos hacemos cosas así de absurdas constantemente… ¿o no?
Le hice un gesto a la Nicole para que bajara y ella levanto el dedo pulgar cual Cesar dejando vivir a un gladiador. Supuse que era un “vale”.
Mientras esperaba a mi socia, seguí observando el coche.
En un momento dado, los agentes salieron del vehículo y se colocaron delante de la puerta de aquel garaje, aparentemente y tal como había dicho Nikky, abandonado.
Uno de ellos se puse a susurrarle a un aparatejo que, de lejos, me pareció un walky-talky, pero que mi miopía no alcanzaba a ver muy claro.
Entonces, el que no hablaba por el supuesto walky se metió en el coche, en el asiento del piloto y se fue. El otro, seguía hablando cuando bajó la Nicole y se puso a mi lado.
-¿Qué hacen?
-De momento, cosas de memos…
-Aquí debe de haber pasado algo gordo
El poli se quedó en la acera, mirando a un lado y al otro, inspeccionando un poco la calle. Por suerte, no nos vio, ya que nos ocultamos muy bien en la sombras del portal de delante de casa de mi amiga.
De repente, se sacó una llave del bolsillo de la camisa del uniforme de verano de los polis y, abrió el candado que sellaba la puerta.
Tras este gesto, volvió a mirar a un lado y al otro de la calle y se metió dentro, cerrando la puerta.
-Tía, que no ha cerrado con llave- le aclaré a la Nicole tras escuchar unos segundos en el silencio de la calle.
Que viera mejor por el ojo del culo que por los de la cara, no significaba que no oyera bien…
-¿Entramos?- propuso alegremente la Nikky
-Colega… ¿qué te has tomado?
-Mmmhh, es un secretito…
-Puta- le espeté cuando supe de que se trataba-. Y luego te quejas de que no comparta los porros…
La miré bien a los ojos y confirmé mi sospecha. Mi amiga iba colocada, pero de otra cosa distinta de la que yo había tomado.
Como si le hubiera dado un aire, me cogió de la mano y me arrastró hasta la puerta del garaje. Ya nos encontrábamos allí, así que la curiosidad ya era invencible y mi amiga, que me conocía como se conocen los amigos, supo que en aquellas circunstancias no iba a echarme atrás.
Empujé la puerta despacito, sin hacer ruido. Para llevar años abandonado, las bisagras de la puerta iban más que finas.
El lugar estaba oscuro, ni siquiera una luz de emergencia.
Me coloqué el móvil bajo la camiseta, que era oscura, y con aquella luz tenue como la voz de Chet Baker, intenté ver algo.
Cajas y cajas se amontaban a un lado y a otro.
Entonces oímos unos pasos. Alguien se acercaba y nos escondimos entre las cajas y cajas de…

martes 23 de junio de 2009

Algo perverso va a acontecer...


miércoles 25 de marzo de 2009

Let it flow...

Oh, por Crom…
Sólo puedo pediros perdón en estas circunstancias.
Prometo ponerme las pilas con el Crazy Creepshow cuando tenga algo de tiempo y, seguir con esta temporada que ha quedado inconclusa…
No os creáis que es por falta de ideas: algunas ya van revoloteando por mi mente.
Pero no tengo tiempo que dedicar a mi blog, lo siento mucho.
Informaros tambien de los resultados de la encuesta… Sois unos raros, ha habido un empate doble…


7 personas creen que no puedes escoger de quien te enamoras,
Otras 7 personas opinan que puedes moverte por un sector de la población determinado para encontrar a alguien especial (o algo así),
2 más, opinan que el amor es algo antinatural y,
2 que quieren pensar que sí puedes escoger de quien te enamoras.

Pues con este doble empate, no se puede sacar nada en claro, así que diremos para concluir con algo…: no puedes escoger de quién te enamoras pero sí puedes cotejar el territorio en busca de lo que te gusta para luego enamorarte…
A lo que me da que pensar que esa premeditación convierte el amor en algo antinatural.
En fin, que cojones, cada cual que piense lo que quiera, que lo que importa de mi puto blog semi-abandonado es el hecho de que no escriba la historia.
Tengo crisis Hank Moody (ved Californication, cabrones!). A ver si fluye la imagineria...
Os quiere aunque no escriba,

Mademoiselle Fox

viernes 30 de enero de 2009

KATASTROFE EN EL BLOG

No os lo vais a creer pero, soy tan cateta y fumetti que...
he perdido el documento dónde estaba toda la historia de esta nueva temporada habida y por haber...
Darme cuenta ha sido como pegarme un tiro... o no.
Y digo o no, porque esta temporada me tenía algo desmotivada ya...
La crisis económica mundial también salpica al Pobre CrazyCreepshow, carente ahora de ideas, de amor y, que cojones, sin apenas acción.
El argumento principal era muy divertido: excursión, Molí de la Mora, mis amigos los de siempre (a los que quiero con locura), situaciones de costumbrismo y blablabla, parloteo y más parloteo.
Este blog necesita que le laven la cara, que le sacudan con fuerza, que le den un toque ácido y lo aborden con cinismo y humor. ¿O no, lectores y lectrices? ¿Vamos a dar caña o que?
Hace unos días, estaba pensando en traspasarlo, abandonar esta dirección y tomar una nueva... y me he tomado el hecho circumstancial de perder el documento como una señal divina (o de vino).
Así que lamentándolo muy mucho, la temporada de o.v.p.n queda inconclusa, así, sin más.
No es la primera vez que lo hago, y no puedo asegurar que sea la última, pero voy a intentar ofreceros algo con lo que podáis pasar el rato de forma divertida y amena (como hasta ahora, espero), con nuevas aventuras y mucho despiporre.
Porque sí, porque yo lo valgo, porque somos así.
No traspaso el blog, finalmente, pero empezaré una nueva temporada en cuanto los duendes me iluminen.

Gracias por la paciéncia que tenéis conmigo y... para darle un buen final al asunto, anuncio que el Grito de Guerra ganador fue:
EN-DE-MO-NIA-DOS!

Ahí el video:



Y nada más, os mando un saludo y hasta más leer.
Siento si he decepcionado a alguien, pero este es mi blog y escribo lo que me sale de los putos ovarios. Y olé!

miércoles 26 de noviembre de 2008

Summer Edition-CAPÍTULO 28

Me asusté al ver la herida. Mi querida Nicole, se dio cuenta y no tardó en quitarme la carta de las manos para que me centrara en otra cosa:
-No te emparanoyes, neni- y sugirió – seguro que ha sido alguna rama de un árbol.
Me la quedé mirando esperando a que abriera la carta y empezará a leer:
-¿De quién es?
-No sé, no lleva remite.
-Ábrela.
La Nicole abrió la carta con cara de sospecha… Miro un poco por encima de forma un tanto rara y añadió:
-Dios mío, que mala letra…
Entonces supe que la carta no era de mi editor, sino de John.

Querida L,
Esta mañana me he levantado y he podido ver, por fin, la luz (literalmente, me refiero).
No sé cómo, ni porqué, pero parece que me hayas salvado la vida con tus mimos y tus cuidados…

Pude ver en el rostro de la Nicole que leía por anticipado cosas que no le gustaban.
-Sigue, no seas perra- le pedí.
Pasó a la siguiente página ignorando los parágrafos que ella consideró poco apropiados… Iba poniendo caras de “¡qué fuerte!”, “¡no me lo puedo creer!”, “¡qué hijo de p***!”… pero todo en silencio, con un gesto de susceptibilidad en la ceja derecha.

Me voy para no volver, pero no podía irme sin despedirme.
Siempre te querré,
John


-¿Y el resto?- le espeté haciéndole ver que me había dado cuenta de su estratagema.
-El resto es basura, y ahora mismo, también es historia.
Y sacando un mechero de su bolso, se puso a quemar la carta en el cenicero.
Vi arder el papel, aspiré su olor…las páginas se desvanecían y conforme el fuego se comía las palabras, me sentía renacer como un fénix de sus cenizas.
-Ese chico-vampiro no te convenía en absoluto…- dijo acariciándome el brazo mientras yo seguía contemplando las llamas.
Mi cabeza no era capaz de pensar y lo único que asomaba por mi mente era el pensamiento de que torres más altas han caído.


FIN DE LA TEMPORADA

viernes 31 de octubre de 2008

Summer Edition-CAPITULO 27

Una luz cegadora, se apareció ante mí hablando con la voz que doblaba a Danna Scully en Expediente X cuando la daban en Telecinco (años ha):
-¿Qué te pasa hija mía?
-¿Mamá? ¿Eres tú?
-No, lo de hija mía es un decir – lentamente la voz se torno asexual, de esas voces que no sabrías decir si es de un hombre o una mujer… Una voz neutra, robótica…
-¿Quién hay ahí?
-¿No me reconoces?- dijo la voz mientras la luz se hacía más intensa…
-No se acerque más o me va a dejar ciega…- pude ver que era alguien con una linterna muy potente alumbrándome a la cara.
-Perfecto…-i diciendo esto la luz se desplazo hacía la cara del visitante.
-¡Señor Fernán! ¿Qué hace usted aquí? ¿Me ha seguido?
-Llevo años siguiéndote…
-Esto no puede estar pasando, debo de estar soñando…
-No querida… es simplemente que te he visto abatida y quiero ayudarte
-¿Porqué si ya me paga?
-Porque tienes fe…, te he visto antes rezando… ¿a quién le rezabas?
-No lo sé… a…, yo que sé, a la vida…
-Bien, vamos por buen camino- dijo con una cara que hubiera asustado al más valiente. Parecía que se relamía de gusto y los ojos le brillaban en dorado…
-Qué coño… ¿Por qué me mira así?
-Me gustaría saber qué es lo que te impulsa a rezar…
Me quedé como hipnotizada por su mirada. Parecía que se había adentrado en mi mente y me leía el pensamiento. En un momento dado, sacó una daga con una empuñadura rupestre. Quise moverme, pero estaba paralizada… Me hizo un corte en la mano… No podía gesticular y caí en un abismo negro y profundo.



-¿Dónde estoy?
-En mi casa…- era la voz de John.
Tenía su mano en sobre mi frente y me sonreía con la mejor cara que le había visto nunca. Entonces me besó en la boca…
-¿Cómo he llegado hasta aquí?
Y volvió a besarme. Estaba tan estupendo que no pude resistirme.
Aquella mañana, John y yo volvimos a hacer el amor, esta vez al ritmo de Pink Floyd… Sonaba Time mientras nos quitábamos la ropa y parecía que el tiempo iba a pararse en cualquier momento.
Le abracé de tal forma que me quedó la mano derecha a la altura de mis ojos… Tenía una enorme cicatriz de un corte.
Toda la sensualidad del momento desapareció.
-¿Qué coño es esto, John?
-Es mi salvación…
-No entiendo nada- me quejé indignada- ¿Cómo que tu salvación?
-¿Qué más te da? Es un corte de nada… y has conseguido que yo este así de bien.
-Eres un poco egoísta ¿sabes?



Desperté en el jardín. La Nicole me sacudía…
-Tía, llevo horas buscándote- parecía que se iba a poner a llorar- me tenías preocupada… Hace dos días que no sé nada de ti
-¿Qué? ¿Qué día es hoy? ¿Cuánto he dormido?
-No lo sé… pero no me vuelvas a hacer algo así…- y puso cara de pena- Me ha dado un canguelo volver aquí… además, yo sola…
La abracé.
-Gracias Nicole, eres la mejor.
Mi amiga me acompañó a casa. El verano se acababa y mi guarida estaba hecha una mierda… Entre las dos, decidimos limpiar antes de que llegaran mis padres. Terminamos justo una hora antes…
-Hola hija, hola Nicole… ¿qué estáis haciendo?
-Nada mamá, aquí viendo la tele como buenas personas…
-Había una carta para ti en el buzón- dijo cediéndomela- Toma…Cuando cogí la carta, pude verme la mano derecha en la que tenía una cicatriz enorme que se confundía con las líneas quirománticas…

miércoles 29 de octubre de 2008

Summer Edition-CAPITLO 26

Decidí quedarme con John el resto del día. Llamó la Nicole varias veces, pero el móvil había quedado desterrado a las puertas de la habitación y no me apetecía moverme de la cama en la que me hallaba y, muchos menos, separarme de la persona con la que estaba.
Las horas se perdieron en el reloj y cuando quise darme cuenta ya había anochecido. John no hablaba, parecía haber enmudecido y gemía de vez en cuando aprobando o reprochando algún gesto o alguna caricia. Nos mantuvimos abrazados mientras corría el tiempo y yo quería pararlo.
Le tenía allí, la cabeza sobre mi pecho, tan indefenso, con el pelo tan sucio como de costumbre… Aún no había podido verle bien, pero al tacto fui deduciendo su estado.
Cuando me cansé de aquella estampa tan Romeo y Julieta, me incorporé en la cama. John intentó retenerme un rato más.
-No, hay que moverse de aquí o nos podriremos en esta madriguera- le aclaré.
Entonces me di cuenta de lo podrido del panorama. Todo olía a viejo, todo estaba sucio, no había luz…
Si pretendía que John se recuperara, debía poner orden a su vida, empezando por su casa.
-No hace falta que te muevas, cielo. Voy a ir al OpenCor de abajo a comprar unas cosas…- al oírme, me sentí ridícula.
¿Qué cojones era eso de “no hace falta que te muevas, cielo”? Por un momento, se me pasaron por las reacciones de mis amigos si me vieran… eran patético, así que añadí un toque de color.
-Esta noche cenarás… como los humanos.
Aquella frase no había nacido de mi cerebro, no era capaz de tal crueldad, pero era lo que a Nicole le hubiera gustado oír y se lo debía. Me lo debía a mi y se lo debía también a John, pues él no había tenido ningún miramiento conmigo.
Bajé al OpenCor y compré pan Bimbo y paté, pues no creí que un vampiro desdentado pudiera masticar mucho más. Mientras paseaba entre los estantes del supermercado y sonaba por el hilo musical In The Name of Love de U2, se me pasó por la cabeza llamar al Jesús Segura para decirle que había dado con el vampiro. Intenté borrar esa idea de mi cabeza, aunque me persiguió persistentemente durante un rato.
Había cogido las llaves de casa de John y con un par de bolsas con comida y utensilios de limpieza, subí en el ascensor.
Cuando llegué a la habitación, John seguía en la misma situación, ni siquiera se había movido de donde le había dejado. Empecé a plantearme que tal vez estaba muerto y se me heló la sangre…
Intenté tomarle el pulso pero no se lo encontraba. Luego recordé que los vampiros no tienen pulso…
Toda aquella oscuridad me hacía sentir insegura, así que busqué el interruptor y dí la luz. Lo que vi fue espeluznante: John parecía una cadáver, con la boca ensangrentada y entreabierta.
Le tumbé en una posición cómoda e intenté abrirle los ojos.
-¡John, aletargado de mierda, vegetal!- grité como para despertarle.
Aproveché para darle el par de guantazos que no le había dado en su momento. Al tercero, me cogió la mano con una fuerza inusual para la piltrafa en que se había convertido.
Entonces abrió los ojos: aquellos ojos parecían de cristal, incluso se movían como los ojos de cristal… Pareció que iba a decir algo y puse toda mi atención:
-Apaga la puta luz- emanó débilmente de sus labios.
-No puedes verla, John, estas ciego…- el máster hubiera estado en este momento muy orgulloso de mí.
Me pareció como si una triste lágrima emanara del ojo izquierdo de John. Me recorrió un sentimiento de culpa enorme, tanto que por mucho que rezara, sabía que no iba a salvarme de las llamas del infierno.
-¡Perdóname!¡Tienes que perdonarme!¡Perdóname!- y seguí gritando en forma de cantata hasta que no pude más y volví a caer en el llanto.
Me costaba mucho ver a John de aquella manera….
Decidí que aquella noche dormiría allí y mañana me ocuparía de redimir mis pecados.
Desperté a la mañana siguiente en los brazos de John. Me había dejado sangre seca en la frente y me daba mucho asco, así que me zafé de su abrazo y corrí a buscar el Wc.
Cómo soy experta en perder, abrí todas las puertas antes de dar con el baño. Me acerqué corriendo al lavamanos, con los ojos entrecerrados porque acababa de despertarme y, al poner las manos bajo el grifo ví algo asqueroso: había dos colmillos ensangrentados en el desagüe… En aquel momento me quise morir. Desea por encima de todo, enmendar mi error y me repetía a mi misma que ojala no hubiera pedido aquel deseo.
Eché mi meada matutina, me enjuagué la boca, me lavé la cara inclusive la sangre seca y como una histérica me puse a limpiar la casa.
Limpié y limpié hasta que todo relucía. John me observaba desde un rincón tapado con una manta que le había echado sobre los hombros, acurrucado en el sofá.
Me daba tanta verle en aquel estado que casi se me olvidó que tenía una cita con el editor.
Le hice un sándwich con todo el cariño del mundo y se lo dejé en la cocina. No quise mirar las llamadas perdidas de mi móvil. Me duché y me fui, cogiendo las llaves de John para volver luego a su casa.
Antes de nada llamé a la Nicole:
-Espero que tengas alguna explicación medio razonable para no haber cogido mis llamadas…- me dijo mosqueada.
-Lo que voy a decirte, no te va a gustar en absoluto…- amenacé.
-Has estado con John ¿no?- contestó sobradamente- Ya no me sorprende nada de ti…
-Pero lo que sí va a sorprenderte es otra cosa- concluí dejándola con una intriga a la que no se podía resistir.
-Hacemos un peta y mientras me lo cuentas…
Asentí y prometí pasarme por su casa. Necesitaba hacerme un porro… mejor dicho, necesitaba muchos.
Piqué al timbre y la Nicole ya tenía dos petas liados.
-Gracias tía, voy con un poco de prisa- le dije como saludo.
Fuimos a fumar al comedor: se lo expliqué todo con pelos y señales. Mi amiga me reprochó y reprochó que me estuviera haciendo cargo de alguien que me había tratado tan mal, me reprochó que con él hiciera todas las excepciones del mundo, pero aún con eso me compadeció por lo colgada que estaba de aquel tío feo y roñoso que, ahora, encima era un vampiro.
Me fui en cuanto terminé de fumar a mi cita con el editor.
Los porros me ayudaban a inspirarme cuando nada fluía de mi imaginación.
En la misma mesa, en el mismo sitio de siempre, me estaba esperando el editor.
Reinventé mi historia sobre el héroe legendario de manera que pudiera agradar a un personaje tan opaco e impenetrable como era Lucas Fernán. La improvisación le gustó tan poco como a mí, pero insinuó que tal vez no había pasado suficiente tiempo desde la última cita que habíamos tenido.
Salí asqueada de nuestro cara a cara. Es verdad que el señor Fernán no empezó con su misticismo ni sus dudas existenciales sobre la humanidad, pero su mirada me molestaba. Parecía como si me juzgara, como si supiera de qué iba mi vida, como si me analizara rollo Terminator.
Encendí un cigarro antes de salir del Antares y despedirme del editor.
El tiempo estaba revuelto e incluso parecía que iba a llover. Aún así, dirigí mis pasos por el Carrer Major para que alejaran más allá por la Avinguda del Segre, en dirección a La Mitjana.
Sentía en mi fluir una fuerza especial que supuse que era de entre disgusto, cansancio y el peso de la culpabilidad y la responsabilidad.
Ya estaba oscuro cuando llegué al Parc Natural de La Mitjana. No llevaba linterna ni nada con lo que alumbrarme, así que me guié por intuición. Cómo una ciega (sensación que solía obtener a base de estupefacientes), me moví por dentro del bosque buscando esa pared de piedra que me diera respuestas.
Cuando lo encontré, fui directa a la salvia. Me comí una hoja. Luego dos y tres, pero no sucedía nada. No venía ningún espíritu del bosque, nadie contestaba a mi llamada, así que no me quedó otra que clamar al cielo por la vida de John, por su salvación.
Así que frente a las ninfas, recé y recé toda la noche hasta grabar mi silueta que una tímida luna reflejaba en el suelo. Y rezando me dormí.
Pero algo me despertó de repente.